Cuento intercultural: Carta a Nadie

Celia Calatrava Ruiz (15 años) nos conmovió con su “Carta a Nadie” con la que consiguió el primer premio del Concurso de Cuentos Interculturales de la Diputación de Almería. Os invitamos a leer esta carta que Siria nos manda para que tomemos conciencia de su sufrimiento.

TÍTULO DEL CUENTO: “CARTA A NADIE”

 

 

AUTORA: CELIA CALATRAVA RUIZ

 

 

PRIMER PREMIO

 

CATEGORÍA EDUCACIÓN SECUNDARIA

 

 

 

“Cuando me desespero, recuerdo que a través de la historia, los caminos de la verdad y del amor siempre han triunfado. Ha habido tiranos, asesinos y por un tiempo pueden parecer invencibles, pero al final siempre caen” –

 

Mahatma Gandhi

 

Hola, querido lector:

 

Mi nombre es Siria y quiero haceros ver a todos mi precaria situación.

Tengo apenas 100 años, -se podría decir que aún soy una niña si se me compara con un país como España que cuenta con centenares de cumpleaños- y 22,85 millones de hijos que están huyendo de mi vera a causa de una cruel guerra civil. Ante esta vil situación me encuentro realmente desvalida. Ya no sé qué hacer, nadie me apoya ni quiere dar cobijo a los miles de sirios que intentan huir en busca de un poco de paz y armonía para sus familias. Es más, sigo sin entender por qué me hacen daño de esta manera.

Desde los albores de la historia, mi actual territorio ha sido deseado por muchos imperios: desde el otomano hasta el romano, pasando por el griego.

Todos acuden a mí por interés, para aprovecharse de mis recursos naturales y mi posición estratégica ligada al Canal de Suez.

Solo mis hijos, los sirios, me aman de verdad, y por el maldito dinero y sed de poder les privan de libertad y restan valor a sus vidas obligándolos a alejarse de mí: su casa, su vida, su madre.

Me entristece ser un tema de constante actualidad en radios, telediarios y periódicos a nivel mundial por un motivo como la guerra. Y es así, hasta 2011, cuando se me empezó a matar lentamente, de mí se sabía bien poco: que mi capital es Damasco y que tengo grandes cantidades de petróleo que explotar.

A día de hoy hasta lo prefiero. Prefiero ser un cero a la izquierda a nivel global y no destacar por mi floreciente economía o por mis relaciones internacionales, antes que estar a la orden del día por los bombardeos y miles de pérdidas humanas que se dan en mi territorio.

A diario escuchamos hablar constantemente de Siria y su guerra pero la mayoría no comprende las causas y consecuencias de la misma.

Mires donde mires en mí solo se puede ver una cosa: guerra, guerra, más guerra y la devastación que ella conlleva. Los medios estiman que más de 470.000 muertes sirias han causado la guerra en tan solo 5 años, además de unos 4.000.000 de refugiados repartidos por países vecinos.

Me siento vejada y maltratada. Ya no me reconozco, nunca fui uno de los países más bonitos pero a día de hoy estoy prácticamente acabada. Mis edificios, plazas y calles están demacrados y la mayoría de hospitales y servicios inservibles.

Pese a lo agotada que estoy, como buena madre, lo que más me duele es ver a mis hijos sufrir.

Siempre me he preguntado el porqué. Siempre se ha dicho que una madre es como una leona. Ahora lo sé. Es porque si alguien toca a sus hijos enseguida enseña los dientes y las garras para salir en su defensa, porque le duele mucho más el dolor de sus hijos que el suyo propio; y eso es lo que pretendo hacer yo. El problema es que no cuento con los recursos suficientes y preciso de ayuda europea que mantenga a salvo a todo sirio que huya hacia sus fronteras buscando cobijo y que me ayude a parar esta sangrienta guerra.

Una guerra de tal magnitud es dura para todo el mundo, pero los afectados de verdad son los más pequeños, los niños se ven obligados a renunciar a su infancia y a su educación. Podríamos decir que niños y juguetes son palabras sinónimas. Pero para muchos pequeños sirios huidos de su país apenas con la ropa puesta por la guerra, los juguetes son un lujo.

Los que aún viven conmigo, en vez de despertar con el ruido del piar de los pájaros como antaño, lo hacen con las sonoras explosiones de los bombardeos diarios que me asolan como país.

Hay quienes arriesgan su vida para huir hacia países vecinos que les niegan su ayuda; pero en cambio hay otros que prefieren aguardar en su tierra y rezar para que este infierno acabe cuanto antes. Prefieren arriesgarse a morir a causa de un bombardeo de forma instantánea a trasladarse a otro sitio para fallecer deshidratados, por hambre o enfermedad.

Aunque no todo son negativas a la ayuda por parte de los países extranjeros. He de reconocer la importante labor que llevan a cabo muchas organizaciones no gubernamentales, ayudas y acciones de voluntariado por parte de personas corrientes como por ejemplo tú y que son de vital importancia. Es el caso de UNICEF, que trabaja para generar conciencia pública sobre los problemas que afectan a la infancia y conseguir fondos para, en este caso, proporcionar agua potable, emprender campañas de vacunación, ayudas psicológicas y demás iniciativas básicas para combatir el daño que nos está causando la guerra.

Tampoco hay que olvidarse de la pobreza. La mayoría de los civiles han perdido su empleo y no cuentan apenas con recursos.

Por otro lado, mi tasa de mortalidad está en constante aumento y la de natalidad en descenso puesto que la pérdida de hospitales y personal médico, así como de higiene, está causando más abortos y muertes.

Día tras día los derechos humanos están siendo pisoteados, y más aún los de la mujer. Su situación es desesperada. Hay rumores de que muchas adolescentes y jóvenes son secuestradas, sometidas a abusos sexuales, a matrimonios forzados con combatientes o vendidas como esclavas.

Teniendo todo esto en cuenta me pregunto entonces qué es lo que nos diferencia de los animales. Quiero decir, se supone que los seres humanos son los únicos animales racionales que saben diferenciar perfectamente entre lo que está mal y lo que está bien, que es lo que comúnmente llamamos ética.

Esto es cierto, pero también lo es que el hombre puede llegar a convertirse en el ser más ruin, mezquino y malvado de la faz de la Tierra; a hechos pasados me remito. Un claro ejemplo serían las figuras de Hitler o Stalin quienes asesinaron a millones de personas inocentes. Además, existen personas vacías, carentes de sentimientos como la empatía o la solidaridad que ante genocidios y crueldades como esta pueden desentenderse y mantenerse totalmente al margen.

Es una realidad, parece que cuanto más avanza el hombre más importa el dinero y el poder que las personas y vidas humanas.

El 15 de marzo cumplí cinco años de guerra. Cinco años de hambre, pobreza, miedo… pero también cinco años llenos de valientes que se enfrentaron a viento y marea partiendo hacia un lugar donde les espera un final incierto pero también la ansiada paz para los suyos.

Cinco años en los cuales me he sentido más arropada que nunca por asociaciones y organizaciones mundiales como UNICEF, Cruz Roja, Save the Children u OXFAM que me han brindado su mano amiga ayudándome en todo lo posible sin ningún otro interés que el de salvar vidas humanas.

Es totalmente de admirar que siga habiendo gente así, gente que deja su zona de confort (trabajo, amigos, familia…) para trasladarse a un país en estado de alerta como es mi caso y ofrecerse a ayudar en todo lo posible aun sabiendo el peligro que este tipo de labor les puede ocasionar.

Con estas líneas no tengo intención de llamar la atención o causar pena. Simplemente quiero hacer saber cómo están las cosas dentro de mí, la verdad de esta guerra sin tapujos, contando todo tal cual es.

Quiero y rezo por que este mensaje no quede en el olvido, que no sea como esos mensajes en una botella arrojados al mar que vagan y vagan hasta llegar a manos de alguien.

Por ello reflexiona, párate a pensar lo rico que eres aun sin tener grandes sumas de dinero, lo rico que eres por ser libre, estar rodeado de los tuyos, tener seguridad y por vivir en paz.

Vive, vive y valora lo que tienes. Que la vida son momentos. Hoy estoy aquí y mañana… mañana no lo sé. Por eso voy a luchar mirando al miedo a los ojos, de frente y con valentía. No voy a desistir porque eso es lo que todo el mundo espera, voy a pelear por la paz. Voy a pelear por mi felicidad y por la de los míos.

Sin embargo, siempre desde niña me han dicho que si deseas algo con mucha fuerza, cierras los ojos y te lo imaginas, se acaba cumpliendo por muy complicado que parezca, aunque lo creas imposible… Pues eso es lo que nos toca hacer ahora. Toca cerrar los ojos lo más fuerte que podamos y desear que todo vuelva a ser como antes de mi guerra. Espero que en mí, en poco tiempo, los niños vuelvan a ser niños, las mujeres se valoren y respeten como tales y que todo ser vivo, ya sea un animal o una persona tenga el derecho a la vida que se merecen.

Solo espero que, como bien decía mi admirado Gandhi, esta guerra y todo el que ha colaborado con malos propósitos en ella caiga aunque a día de hoy me parezcan villanos invencibles y la idea de la paz sea un sueño a años luz.

 



Deja una respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.